Piensa mientra se mira las manos, las manos que aun eran hermosas, aun.
_Esto tiene que acabar
Se dice, mientras camina a casa, temblando de frió y miedo, llena del temor que solo una decisión inamovible puede infringir en un corazón que estaba muy acostumbrado a solo latir.
La garua le empapaba el cabello con una perseverancia implacable, mantén la frente en alto, no llores, y los charcos, los charcos en los que a cada paso sumergía los tacones, los charcos eran solo una broma macabra, un recuerdo de que aun estaba ahí, de que todo era real.
Camina con una mirada de autómata entre tantas sombras a su lado con sombrillas de colores, camina y siente la cruda brisa despeinarle el cabello, como si eso ahora importara, como una burla, como la ultima parte de una afrenta terrible que se detiene en el justo momento en el que se vuelve inaguantable, solo para volver a empezar.
El gélido paisaje es solo un pequeño y escueto boceto de su alma que esta cansada de andar sin encontrar, en medio de maniquíes vivientes que la miran sin verla, que la tocan sin sentirla, que son como un recordatorio macabro, que de alguna forma, ni siquiera son.
A los lejos, se escucha el tren, arrastrando su infierno metálico que rompe el monótono hechizo de la niebla y la lluvia, y ella lo piensa, lo piensa, sabiendo que no lo va a hacer, sabiendo que es demasiado, pero lo piensa, y acaricia esa idea como a un reptil.
Camina más a prisa, casi corre, tratando de escapar de sus pensamientos, sin lograr ni por un instante dejar de repasar una y otra vez las ultimas horas, los últimos días, las ultimas semanas, camina, camina más, ya casi llegas, camina y no encuentra una solución, y la atormenta el martilleo de ese pensamiento que es inútil, pero inevitable.
_Tengo que hacerlo, piensa y siente como se le escapa el aire ante el vértigo de lo inevitable.
Camina y la lluvia arrecia, apura el paso, corre un poco, un indigente, la acera, la alcantarilla, el futuro, la vida, ese perro, la cena, no quiero, los zapatos están arruinados, la convicción, ese árbol, la ultima cuadra, el miedo, el bien común, que va a decir mamá, la frente en alto, casi treinta años, una bolsa de basura.
Busca la llave, ya sin prisa, ya está mojada, ya que importa, la buscar sin mirar, la busca sintiendo cada uno de los objetos que pueblan su bolso, busca y piensa, una y otra vez el mismo pensamiento como una cinta de Moebius como un péndulo, piensa y cada uno de sus intentos solo es una confirmación tacita de lo inevitable, de lo absurdo, del horror.
Toma el pomo de la puerta y por un instante duda, sus dedos temblorosos y húmedos se detienen, ignorando por un momento la memoria muscular, duda y la duda es aguda, filosa, estridente, duda y al poco abre la puerta, con un arrepentimiento que precede a su razón de ser.
Un chirrido que le estremece el alma y le contrae el cuerpo es seguido de un hilo de luz que crece, poco a poco, dubitativo y la consume, la devora, dando paso a un estancia impecable, se acerca un hombre y la besa.
_Estas empapada
_Deja que me cambie y preparo la cena.



