martes, 17 de septiembre de 2013

El viaje

****Gracias a todos
          Gracias Marcel y Kami


, Gracias a todos los niños perdidos.


Había una vez, en un reino muy lejano una niña que todo lo que quería era conocer el mundo más allá de sus murallas de piedra. Y cada mañana y cada noche veía el sol salir y ponerse en esa gran pared que obstruía el horizonte. Todos los días, cuando se levantaba a hacer sus quehaceres soñaba despierta con la manera de huir de su prisión que a nadie más estorbaba y todas las noches se quedaba dormida pensando una forma de escapar y conocer lo que todos tenían miedo de conocer.
Un buen día esta niña tomo algunas cosas y decidió que era hora de conocer el mundo, caminó y caminó por días y después por años y a lo largo de su camino fue conociendo otros niños del mundo, y muchos la acompañaron mucho tiempo en su viaje, hasta que todos creyeron que habían encontrado un lugar para llamar hogar, pero la niña aun se sentía extranjera, aun sentía que el viento del norte la llamaba, y por las noches, las sirenas cantaban su nombre.
La niña conoció a un principito y un hada, y este principito también había huido y esta hada también era extranjera y la niña se sintió acompañada y ya no estuvo sola. Y el hada triste que llenaba todo de color, le enseñó que amar no era malo, pero que tampoco lo era estar solo. Y el principito le enseñó que la vida es un juego y que también es bueno jugar. Y la niña tomó estos regalos y fue tras las voces que susurraban su nombre y que eran cada vez más fuertes, más desesperadas.
Con el tiempo, esta niña se fue cansando y ya no corría, caminaba de tanto no volver la vista atrás, comenzó a olvidar el camino ya recorrido. La niña conoció a un genio, y el genio la amó y ella amó al genio, y el genio puso un reino a sus pies, y la niña encontró donde descansar, un lugar hermoso y pensó que ahí podría descansar y ese podría ser su hogar. La niña durmió muchos días y muchas noches, sueños hermosos plagados de comodidades y diversiones que nunca había imaginado, pero poco a poco y  cada vez más fuerte las sirenas comenzaron a susurrar su nombre, lo llamaban, lo gritaban y los gritos eran lastimeros hasta que la niña despertó de su sopor y pensó que era hora de continuar con su viaje.
La niña comenzó a andar siguiendo las estrellas que le prometían cosas nunca vistas y alegrías nunca antes sentidas pero el camino se hizo largo y cuando la niña tropezó ya no quiso levantarse, habían sido tantos años de dejarlo todo atrás, de viajar y caminar, de perder cosas, que ya no supo como levantarse de nuevo. Pero en ese momento, volvieron, el hada y el principito, y la llevaron en hombros, hasta que pudo caminar, hasta que recordó el motivo de su viaje, y ellos también escuchaban las sirenas y el viento del norte también los llamaba, y una vez ahí ya la niña no se sintió tan sola, y siguió su viaje pero disfrutando del camino, porque tal vez nunca iba a llegar a detenerse, pero ya estaba en casa, porque casa es el mundo y los que hacen de el un lugar hermoso.